ESTUDIO DEL NIVEL DE RUIDO SOPORTADO POR LOS ANESTESIÓLOGOS EN EL ÁREA QUIRÚRGICA

Rev. Arg. Anest. 1998; 56: 3: 147-153 - Art. de Investigación

Dres. Alberto Llorente de la Fuente y Carmen Giménez García

Material Enviado por Dr Ramón Perdomo  < perdo@infomed.sld.cu > Sun, 25 Apr 2004 21:22:37 -0400

 

Introducción

Resultados

Discusión

Bibliografía

 

INTRODUCCIÓN

 

La actividad laboral de los anestesiólogos conlleva la exposición a una serie de riesgos de muy variable procedencia: numerosos agentes físicos (electricidad o radiaciones ionizantes)1, químicos (inhalación de agentes anestésicos como contaminantes ambientales)2, o biológicos (VHB, VHC, VIH, etc)3,4 han demostrado su capacidad lesiva y han sido ampliamente estudiados en su relación con la práctica anestesiológica.

 

Sin embargo no se conocen tan certeramente los efectos deletéreos que puede sufrir el anestesiólogo como consecuencia del nivel de ruido existente en su entorno laboral, básicamente el Area Quirúrgica. La exposición al ruido es lesiva tanto en su forma aguda (barotrauma auditivo) como crónica, y en este sentido se acepta que todo ruido por encima de 90-100 decibeles (dB) si es continuo, o de más de 130 dB si es intermitente, es traumatizante para el órgano de Corti, produciendo sordera profesional, y se va generalizando el criterio de que ruidos de menor intensidad pueden generar traumas acústicos cuyas repercusiones sobre el nivel auditivo del trabajador expuesto han sido ya demostradas5. Además, el trabajar en un ambiente excesivamente ruidoso puede generar una serie de perjuicios, no valorables desde el punto de vista laboral por no estar dentro de los límites considerados peligrosos por la ley o que ni siquiera tienen una repercusión audiométrica6, pero que conllevan una elevación del nivel de estrés que sufre el trabajador, lo cual puede interferir en su capacidad de concentración, incrementar su fatiga y, en definitiva, dificultar el cumplimiento de su función7.

Este trabajo pretende medir el nivel de ruido soportado por los anestesiólogos en el Area Quirúrgica de nuestro Hospital durante su jornada laboral habitual, así como identificar las fuentes principales de ruido en dicho medio y valorar el grado de incomodidad que éste genera en la práctica diaria de nuestra especialidad, discutiendo posteriormente las medidas que deberemos tomar para evitar la excesiva exposición al ruido. 

material y métodos

 

Hemos utilizado para hacer las mediciones de ruido un dosímetro (Quest-Electronic micro 14 Bruel-Kjaer 4428®), calibrado al efecto según las normas CEI 651 y CEI 804 (tipo 2), colocando el micrófono a 10 cm del oído del anestesiólogo portador, fijándolo en la parte posterior del cuello del pijama. A lo largo de la captación sonométrica, mientras duró el estudio, el personal de quirófano desconocía que se estaban efectuando mediciones sobre el nivel de ruido. La obtención de datos se realizó de la siguiente manera:

 

1.   Ruidos Aislados: En un ambiente sin ruido (quirófano vacío, sin actividad y con aire acondicionado apagado) se realizaron 10 mediciones de cada fuente de ruido con la función «Pico Máximo» (P. Máx.) del dosímetro, con objeto de averiguar los dB que producen los ruidos considerados aisladamente, sin sumación entre ellos o con el ruido ambiental. La función «Pico Máximo» elige el máximo nivel de ruido registrado para cada experiencia sonora de manera individual.

2.   Nivel Sonoro: En un ambiente de quirófano con su actividad asistencial habitual, se identificaron una serie de fuentes de ruido y se midieron con el dosímetro en función «Nivel Sonoro», es decir, el nivel de ruido no como medida aislada sino como sumación de este ruido al ambiental. Se efectuaron 10 mediciones para cada ruido estudiado.

3.   Nivel Continuo Equivalente: Con la función «Nivel Continuo Equivalente» del dosímetro (L Aeq), se midió dicho parámetro durante la actividad laboral habitual de 10 especialistas en anestesiología durante su jornada laboral en quirófanos de diferentes especialistas quirúrgicas, para poder calcular el «Nivel Diario Equivalente» (L-Aeq, d) de ruido en quirófanos de diferentes especialidades. Para realizar este cálculo, se tuvo en cuenta igualmente la duración de la jornada de dichos especialistas, dado que este parámetro debe sufrir una corrección respecto al tiempo diario de exposición, según la fórmula L. Aeq, d = L. Aeq + 10 109 T/8, siendo T el tiempo de exposición en horas/día.

Con la misma función, y durante dos semanas, un anestesiólogo llevó el dosímetro de manera continuada en los diversos quirófanos que le fueron asignados durante ese período de tiempo, con objeto de poder determinar el «Nivel Semanal Equivalente», (L. Aeq,s), teniendo en cuenta que durante la primera semana efectuó su trabajo en un área quirúrgica compuesta por 7 quirófanos de distribución horizontal y durante la segunda lo hizo en un área compuesta por 8 quirófanos distribuidos verticalmente en grupos de dos.

4.   Evaluación del estrés acústico: Con un sonómetro integrador Bruel-Kjaer 2231®, analizador de bandas de octava, se obtuvieron los niveles integrando en cada una de las frecuencias, durante aproximadamente tres minutos, la respuesta del nivel de ruido existente en el puesto y el valor del Nivel de Presión Sonora en decibeles planos. Se obtuvieron así los espectros correspondientes para las dos áreas quirúrgicas diferentes antedichas durante un tiempo de un anestesista/semana en cada una de ellas.

 

RESULTADOS

 

En la tabla I se muestran los resultados de la medición de ruidos aislados con la función del dosímetro «Pico Máximo». No se detectaron en ningún momento ruidos superiores a los 140 dB que marca la ley como límite para establecer medidas de protección de trauma acústico, si bien se aprecian una serie de ruidos de bastante intensidad, correspondientes básicamente a los golpes y caídas de objetos.

 

 

En la tabla II se aprecian los valores obtenidos con la función «Nivel sonoro» del dosímetro, en el curso de intervenciones quirúrgicas habituales, teniendo en cuenta el ruido de base y la sumación de ruidos. Igualmente, no se superó en ningún momento los 140 dB (A) considerados de riesgo laboral por la ley, pero se encuentran ruidos de gran intensidad, protagonizados igualmente por los golpes y caídas de objetos, aunque adquieren importancia también como fuente de ruido intenso los artilugios mecánicos utilizados en traumatología.

 

 

Los Niveles Diarios Equivalentes y los Niveles Semanales Equivalentes para cada una de las Areas Quirúrgicas (horizontal y vertical) aparecen reflejados en la tabla III junto con el P Máx encontrado en cada uno de los quirófanos estudiados. El área horizontal muestra un Nivel Semanal Equivalente de 73,6 dB, bastante superior (recuérdese que la escala de dB es logarítmica) que el encontrado en el área vertical. No se superaron en ninguna de estas áreas los 80 dB. El quirófano con mayor Nivel Diario Equivalente de ruido es el de Urología (76,34 dB).

 

 

La distribución por octavas de los ruidos que perturban el trabajo del anestesiólogo se representa en la figura 1. Se estudió el Indice de Malestar de Exposición al ruido llevando los valores obtenidos a la escala propuesta por Wisner (tabla IV). Podemos observar que las frecuencias intermedias (200 ~ 1.000 Hz) se sitúan en la zona 2 de Wisner, en tanto que las frecuencias más altas alcanzan la zona 3; esto ocurre de manera paralela en las dos Areas Quirúrgicas.

 

DISCUSIÓN

 

La concepción ideal del ambiente laboral debe ser tal que los elementos físicos, químicos, biológicos, sociales y culturales que rodeen a una persona en el interior de un espacio de trabajo no perturben la salud de dicha persona ni su capacidad para efectuar correctamente la labor que tiene asignada; en la actualidad el concepto de Salud Laboral implica que el trabajador no sólo debe de «estar bien» sino que tiene que «sentirse bien».

 

Uno de los factores que merece ser considerado como un importante elemento perturbador o incluso patógeno en el ámbito de un quirófano es la exposición al ruido, que a nuestro juicio no ha recibido toda la atención que merece como fuente hipotética de enfermedad o fuente evidente de incomodidad desde el punto de vista del anestesiólogo que realiza su tarea diaria dentro de un quirófano.

 

La legislación vigente en España8 referente a la protección del trabajador frente a los riesgos derivados de la exposición al ruido impone la realización de revisiones audiométricas periódicas (como mínimo anuales) en los puestos de trabajo en los que se superen los 140 decibeles (dB) de Nivel Pico (P. Máx) o los 85 dB de Nivel Diario Equivalente y cada tres años si éste último es mayor de 80 dB. Nosotros no hemos encontrado niveles de esta magnitud a lo largo de nuestra investigación. Sin embargo, los programas de revisiones periódicas realizados sólo a los trabajadores que cumplen estos requisitos preestablecidos de exposición al ruido han sido duramente criticados, puesto que parecen básicamente diseñados para detectar el desarrollo de patología auditiva, en tanto que legislaciones más avanzadas ya están proponiendo programas para prevenir la pérdida de audición en lugar de para detectar a los individuos afectados por ella9. Además, un reciente estudio de la Draft American National Standard encuentra que estos valores antedichos excluyen a muchos trabajadores, considerados «de riesgo», de los programas de prevención10, al considerar que el valor de 80 dB debería ser rebajado a 75 dB o incluso menos11. Nótese que niveles de ruido cercanos a estos últimos han sido detectados en los quirófanos del Area Horizontal de nuestro Hospital (76,34 dB en el quirófano de Urología).

La clínica de la sordera profesional producida por exposición prolongada al ruido incluye un déficit de audición típicamente localizado alrededor de los 4.000 Hz, que suele ser progresivo y habitualmente bilateral y puede asociarse con acúfenos y tinnitus12, aunque se han descrito en traumatólogos sometidos a exposiciones prolongadas a ruido en quirófano, déficits situados en torno a los 6.000 Hz13 o sorderas unilaterales en dentistas, producidas por exposición profesional14. La exposición aguda a ruidos de gran intensidad puede provocar asimismo sordera progresiva, igualmente de origen coclear, aunque este tipo de evolución del daño por exposición aguda al ruido es menos frecuente15,16. Como regla general, se acepta que la exposición prolongada a 85 dB produciría pérdidas ligeras de audición, que a 90 dB el déficit sería moderado y exposiciones a más de 95 dB serían responsables de disminuciones severas de la audición. En cualquier caso, la sordera que produce la exposición crónica al ruido está modulada por la sensibilidad individual, identificándose factores genéticos y otros, como la edad o la diabetes mellitus no insulino dependiente (DMNID), que sensibilizan para que unos niveles determinados de ruido produzcan mayor o menor pérdida auditiva17; otros elementos ototóxicos pueden tener efecto sumatorio con la exposición al ruido y potenciar el efecto deletéreo de éste, como la exposición a solventes orgánicos (tolueno) y los antibióticos aminoglucósidos18. Al igual que la sensibilidad para la pérdida de audición inducida por el ruido, ciertos tipos de reacciones fisiológicas de respuesta al estrés sonoro (incremento de la Tensión Arterial, cambios cardiovasculares, etc.) pueden estar genéticamente determinadas19.

 

Los déficits audiométricos inducidos por la exposición al ruido no tienen tratamiento específico, salvo retirar al sujeto del ambiente lesivo, lo cual en el mejor de los casos sólo conseguiría frenar la progresión de la sordera en casos de exposición crónica; en algunos déficits por exposición aguda se han logrado recuperaciones parciales manteniendo al paciente durante tres semanas en ambientes con menos de 70 dB20.

 

Estudios realizados en ámbito hospitalario han demostrado que en las oficinas se alcanzan los 75 dB, en el laboratorio los 84 dB y en las plantas de hospitalización unos 70 dB. No hay datos de los niveles diarios equivalentes de ruido habituales en los quirófanos, pero un estudio realizado en estas dependencias mostró que las fuentes de ruido y los P Máx alcanzados son similares a los encontrados por nosotros21.

 

Un dato interesante que detecta nuestro estudio es que el Nivel de Ruido Semanal Equivalente es mayor para el anestesiólogo que trabaja en el Area Quirúrgica horizontal que para aquel que lo hace en el área de distribución vertical; dado que los P Máx. observados no son tan diferentes entre ambas áreas, puede inferirse que esto es debido a un nivel basal de ruido ambiental superior en el área horizontal, lo cual es coherente con otros estudios que muestran una relación directa entre el ruido y la cantidad de personas presentes en un medio laboral22. El hecho que en la mencionada área horizontal, el quirófano de Urología sea el que presenta un Nivel Diario Equivalente llamativamente mayor que cualquier otro quirófano de la misma puede ser explicado por ser el más cercano al lugar de entrada de los pacientes a toda el área quirúrgica, con todo el ruido que ello conlleva (ascensores, paso de camillas y trasiego de personal).

 

Además de generar patología auditiva, la exposición al ruido puede provocar otra serie de efectos deletéreos extrauditivos cuyas repercusiones patológicas aún son insuficientemente conocidas. Exposiciones por encima de 68 dB provocan una activación del Sistema Nervioso Autónomo y del eje hipotálamo-hipofisiario-adrenal, encontrándose un patrón bifásico de secreción de ACTH y cortisol tras la exposición a ruidos que superan el mencionado umbral; igualmente, los niveles urinarios de epinefrina están elevados en sujetos expuestos durante 30 minutos a 90 dB (2.000 Hz). Parece ser que la respuesta neuroendócrina al ruido no muestra adaptación, por lo que la activación del sistema no disminuye en intensidad mientras continúe la exposición23. El sistema cardiovascular responde al ruido cuando éste supera el umbral de 70 dB, produciendo una vasoconstricción periférica cuya intensidad está en relación directa con la intensidad sonora, siendo igualmente esta respuesta de carácter no adaptable. Sin embargo, no está clara la influencia del ruido en cuanto a una mayor incidencia de patología cardiovascular en individuos expuestos, excepto, quizás, en lo referente a un incremento de la Tensión Arterial24. Lahoz et al25 demostraron una correlación entre el grado de déficit audiométrico por exposición laboral al ruido y la alta presión arterial en los trabajadores estudiados; igualmente, García et al26 encontraron valores mayores de Tensión Arterial Media en un grupo de trabajadores con déficit auditivo a 4.000 Hz causado por el ruido en comparación con otro grupo de trabajadores cuyo Nivel Medio Semanal era menor de 65 dB. Además, la capacidad del ruido para provocar incrementos de Tensión Arterial es mayor cuando se combina con otros factores estresantes, como el trabajo a turnos, la nocturnidad o la baja satisfacción en el ambiente de trabajo27, enfatizando la capacidad de los agentes estresantes del entorno laboral para potenciar los efectos del ruido como factor etiológico de algunas enfermedades cardiovasculares (al menos, la Hipertensión Arterial).

 

Los anestesiólogos que trabajan en nuestro Hospital sufren Niveles de Ruido Diario Equivalente por encima del umbral necesario para desencadenar este tipo de respuestas extraauditivas, por lo que, si bien no están dentro del grupo de riesgo considerado por la ley como susceptible de sufrir lesiones auditivas por exposición laboral al ruido, sí pueden presentar reacciones neuroendócrinas o hemodinámicas al ruido.

 

Aun sin tener en cuenta que el ruido es capaz de producir patología auditiva y extraauditiva, es claro que un exceso de ruido no es deseable cuando se precisa de un ambiente de trabajo que exige concentración para tomar decisiones rápidas y que éste dificulta la comunicación entre los profesionales que intervienen en un acto quirúrgico y con el paciente: estudios llevados a cabo en el ámbito hospitalario demuestran Niveles de Ruido Diario Equivalente menores(55-58 dB) en las Unidades de Reanimación o de Cuidados Intensivos que los encontrados por nosotros en las Areas Quirúrgicas28, aunque el hecho de que las fuentes de ruido y su magnitud (P. Máx) sean similares indicaría que el ruido basal es mayor en el quirófano que en otras dependencias hospitalarias.

 

Además, si estudiamos no sólo la cantidad de ruido (los dB) sino la composición de éste, analizando las frecuencias centrales de las «octavas» y las llevamos a una tabla de disconfort como la descrita por Wisner, vemos que, al contrario de lo que aparece en la literatura, donde el grado de malestar para el personal que trabaja en las antedichas Unidades de Reanimación o de Cuidados Intensivos se sitúa siempre en las zonas 1 y 2, en nuestro Hospital, independientemente de que nos referamos al área de quirófanos horizontal o vertical, el trabajo del anestesiólogo está perturbado principalmente en frecuencias intermedias, pudiendo llegar a ser penoso a frecuencias altas (entre 1.000 y 8.000 Hz) donde siempre se encuentra en la zona 3 de Wisner. En esta zona, por definición, el trabajo intelectual es extremadamente penoso, siendo difícil incluso el trabajo administrativo rutinario; es evidente que en esta situación la toma de decisiones diagnósticas y terapéuticas puede estar muy entorpecida. Téngase en cuenta que además de la intensidad o calidad física del ruido (composición por frecuencias), el contenido del mensaje sonoro tiene gran importancia sobre el estrés que soporta el trabajador (alarmas de desconexión y de monitores, etc.) por su especial significado y las repercusiones que conlleva.

 

Ese incremento en el estrés es, asimismo, importante, por cuanto está suficientemente demostrado que el estrés puede producir en el personal médico alteraciones de la conducta y del sueño, trastornos del comportamiento, neurosis, depresión, aislamiento, etc.29, por lo que cualquier esfuerzo encaminado a reducir el ruido, y por ende el estrés a que esté sometido el personal del quirófano, mejoraría sin duda la calidad de la asistencia y redundará en un mayor beneficio para el paciente.

 

Es importante, pues, concientizar a todo el personal que trabaja en los quirófanos de la necesidad de limitar las conversaciones, tener la máxima precaución en cuanto a evitar golpes innecesarios y caídas de objetos, etc., así como mejorar aspectos estructurales del Hospital (accesos a quirófano, ascensores, calidad de las camillas). Igualmente, los suministradores de aparatos (turbinas mecánicas, monitores, respiradores) deberían aprobar medidas para limitar el ruido que producen los aparatos, o, en su defecto, conseguir que éste se encuentre en frecuencias centrales de octava menos molestas.

 

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Material Publicado el 05 /05/04

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